Las ciudades y la oscuridad (I): borrador
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La ciudad de Felurian solo florece en la penumbra, donde las adversidades le son favorables. Allí donde la miseria y la putrefacción es más asfixiante, surgen individuos con la capacidad de comprender los giros internos del mundo pues solo cuando la propia vida corre peligro es que podemos despertar del dulce letargo y contemplar, estupefactos, las llamas del infierno y la desolación que dejan a su paso.
En este mundo, moran los demonios mas no hay ardiente fuego ni frío yerro ni sacro nombre capaz de encarcelar a tales bestias impías. Solo los verdaderos cantantes entonan rugientes himnos de batalla, solo los verdaderos poetas estremecen al mundo con la crudeza de sus versos, solo los verdaderos músicos, cuyos acordes hienden el aire como si fueran llameantes espadas, consiguen arrancar un estridente llanto a sus instrumentos.
Mas no os equivoquéis, esta historia no trata de músicos ni poetas ni cantantes ni demonios...esta historia es del hombre exhausto que espera a la muerte en silencio, es del héroe agotado de levantar su acero, una y otra vez, contra el corrupto, es del niño que llora impotente la sanguinaria muerte de sus padres...es de todo aquel que haya sido traicionado, maldecido, abandonado o rechazado por el mundo.
Esta es la verdad que rige en Felurian, un yermo desolado donde van a parar los que escupen al mundo y se asquean al observar su auténtica naturaleza. Pues son ellos, Hacedores de Mundos, quienes traerán la hambruna y la pestilencia, quienes asolen el mundo con sus poderosos embistes, quienes lo fracturen con su atronadora Voz...ellos harán arder el mundo hasta que solo queden meras cenizas porque son ellos los llamados a sembrar sal para que no crezcan malas hierbas.
Y son ellos, los Ciridae, quienes traerán el fuego y la desesperación, y los que hagan estremecerse a los diabólicos porque ellos son la justicia vengativa que hará resucitar al mundo de sus rescoldos, ellos son los blasfemos que se apartaron de la senda para seguir el Camino. Fueron anunciados por Teccam, "algunos abandonarán el camino humano para adentrarse en el de los dioses, todos encontrarán poder pero pocos lo usarán para el bien mayor, y estos se cubrirán de sangre, olvidarán su Nombre, aguardarán al borde del Abismo y tratarán, sin importar el coste, de cumplir su objetivo mediante cualquier medio.
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La ciudad de Felurian no florece si no es un lugar fresco y en penumbra. Felurian solo es capaz de proliferar allí donde las adversidades le son favorables. Un complejo de intrincadas calles y penosas infraestructuras es lo que conforman a Felurian, y allá dónde la miseria y la pestilencia es más propnunciada también es dónde se generan más Elir's, Relar's y Elthe's pues solo en los bordes y en las situaciones en dónde la vida corre peligro, la mente dormida se despereza y permite al ente tocar la brisa entre las ramas, el canto de las briznas o el arroyo que erosiona.
Sin embargo, no todo es música y es que, como no pudiera ser de otro modo, en Felurian abundan los seres dañinos que agrian la leche y pudren los tabiques. Y no hay nominador que controle a tales bestias ímpias, no hay candente llama, duro ferro o sacro nombre que encarcele a esos seres que se alejaron de la senda marcada.
Aquí, los demonios no se diferencian del hombre. Ambos fueron creados sin motivo aparente y ambos creen tener claro su objetivo. Ambos temen y desconocen aquello que será su final, temen y desconocen al verdugo y a su hacha sin saber siguiera si existen.
No hay arte más valorado en Felurian que la nominación, nada es más admirado que la capacidad de "ver" (conocer/ saber) el nombre primordial de algo, el nombre profundo de cualquier fenómeno. Esto es porque lo nombres encierran poder y verdad, pues aquel que conoce tu nombre también conoce los giros internos de lo que te conforma en esencia.
En Felurian, un poeta es capaz de desnudar al mundo con su voz, un músico puede arrancarle el llanto a su instrumento o puede resucitar al caído, y un cantante puede paralizar el viento con su mero canto.
Tal es el poder de los llamados artistas, tal es el poder que manejan y del cual son totalmente inconscientes.
Lo que caracteriza a estos individuos no es otra cosa que su capacidad de compreder al mundo. Muy pocos son los llamados a ver más allá, a hablar más allá o a escuchar más allá. Muchos pueden ver, hablar o escuchar pero pocos son capaces de apartar todo el ruido que este mundo parace generar y pararse a contemplar la belleza que en Felurian está escondida.
(los Elir's, aquellos capaces de ver hasta en el más oscuro abismo, los Relar's, aquellos capaces de hablar con los más aberrantes chillidos, y los Elthe's, aquellos capaces de escuchar hasta el suspiro de la brisa)
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