Memoria.

La memoria es olvidadiza, alterable, corrompible...es traicionera con los hechos más relevantes e indulgente con los más mundanos. A la memoria no le queda más remedio que postrarse ante el imparable avance y observar estupefacta como borra las huellas en la arena hasta dejarlas irreconocibles.

La memoria no está hecha para el hombre actual. La memoria es, primordialmente, un depósito de agresiones pasadas y acciones posibles, a la memoria le es indiferente cuando nació Napoléon, quién provocó la Primera Guerra Mundial o los diferentes orgánulos que contiene una célula eucariota animal...Porque el individuo no precisa esa información para sobrevivir. Las identidades notables no te alivian el hambre, las integrales no te salvan del feroz lobo, y la sintaxis no te protege del frío invernal.

Los tiempos cambian pero no las necesidades mínimas, el hombre evoluciona pero muere y teme las mismas cosas y la memoria sigue almacenando información relevante o irrelevante para permitir la supervivencia de su propia entidad.

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Cómo de incongruente puede llegar a ser la memoria que es capaz de engañarse a sí misma en pos del individuo, falsear la realidad con tal de benecifiar de algún modo a su portador.

La memoria se pierde, los hechos son falseados, el reloj sigue corriendo. La noble causa que nos reune aquí y ahora no es más que otra brutal matanza fruto de no sé que honorífica venganza que se cometió contra mis ancestros en un remoto pasado.

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