No importa.
No importa si el mundo es justo o injusto, bello o inmundo, cruel o benevolente, feliz o desesperante, libre o encarcelado, real o falso, sano o delirante, duradero o futil, perfecto o abominable, colectivo o solitario, digno de mantenerse o de ser destruido...Nada de eso importa en absoluto.
No importa si tu perspectiva del mundo es una u otra, si crees que es así y no asa, si piensas fervientemente esto o aquello, si confias ciegamente en que de esta, y no de aquella forma, la cosa mejorará mínimamente...Nada de eso significa algo.
No importan siquiera los desconsolados llantos, ni los estridentes chillidos, ni las innumerables hambrunas, ni las mortales plagas, ni las devastadoras catástrofes, ni las mortíferas guerras, ni la conocida demencia...Nada de eso vale algo más que un pimiento.
Solo importa aquello que prima por encima de todo, aquello que impera y gobierna sobre lo tangible e intangible, y eso no es más que el poder: la capacidad de acción. El poder es la fuerza que permite (no que impulsa) a cualquier individuo provocar una acción, una alteración, un cambio. No es el detonante que inicia la reacción ni el producto resultante, es el fuego que la hace posible.
Todo tiene cierto poder, nunca será igual a cero. El poder está supeditado por factores y condicionantes. El poder tiene infinidad de facetas, lo que en un principio parece un trozo de hierro basto se puede convertir en una brillante espada si la forja el artífice adecuado. El poder se puede adquirir por innmuerables y ocultas sendas. El poder se puede clasificar entre poder propio y poder heredado/prestado, ambos se manifiestan de diversas formas y ambos pueden ser adquiridos o arrebatados. La capacidad de acción permite al individuo interactuar con su entorno, es decir, a mayor capacidad, mayor posibilidad de interración.
Todo se puede cambiar, destruir, reconstruir, intercambiar o modificar. Nada es inalterable en un mundo donde el poder impera sobre toda creación. Solo el poder permite al individuo defender a sus allegados y destruir a sus enemigos. Solo el poder construye paraísos o los destruye, sin importar si eres el héroe, el villano o el anonadado campesino que ve arder sus tierras.
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