Oda a la puntualidad:

De algún modo me he encontrado en la obligación autoimpuesta de parar el relato y hablar del viejo y conocido Chronos. La razón que me ha llevado a esta situación es bien conocida por quien debiere ser el lector de este escrito. Sin embargo, pese a no ser de obligado cumplimiento, lo hago por el cortocircuito que ha frito mis redes neuronales y ha hecho posible y necesario la siguiente reflexión.

En un mundo tan altivo como orgulloso, no hay cabida para la debilidad . Cada gesto, cada desaire, cada ademán conlleva un determinado comportamiento hacia otra entidad. Un saludo entusiasta, una risa irónica o un enfado desproporcionado no son más que minucias comparadas con el verdadero comportamiento de un individuo, pues es bien sabido que conocerás al monje por sus atavíos y a la prostituta por sus modales. Cada cual trata de que prime su potestad, su prestigio, su mandato, por ello se establecen códigos de conducta que mantengan a niveles tolerables el dominio entre personas, esto también se conoce como: respeto. Por lo tanto, relaciona el respeto y el tiempo en la medida de que un comportamiento respetuoso es, en gran parte, la puntualidad en cualquier situación o actividad, ya sea una quedada, una cita o una clase de Filosofía. La puntualidad demuestra un claro interés por, digamos, la clase de Filosofía pero también es, a su vez, una muestra de sumisión desde la perspecctiva de que el alumno deja de considerar su propio tiempo como valioso, y cede para terminar considerando el tiempo del profesor de forma más apreciativa que el personal.                                                                                    

Cabe aclarar que esto no es ningún llamamiento al desorden y la anaquía, más quisieraís algunos. No, esto es simplemente una reflexión acerca de las proporciones tiempo- respeto- orgulloso según el rango que ocupen los implicados, y las razones que apoyan la puntualidad en base a las normas o conductas sociales.

También me gustaría añadir, como punto y final, que resultado cómico casi irónico que se nos pida puntualidad cuando en reiteradas ocasiones se nos ha animado, y cito textualmente "a dejar de comportarse como autómatas siguiendo la alarma de la sirena" y pasar a otra cosa sin mayor vacilación.

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