Dolor.

 No importa el motivo, no importa la intención, no importa la intensidad: lo único que importa y que es necesario admitir es que en este mundo hay sufrimiento. A veces, es el propio mundo quién lo ocasiona pero casi siempre es otro humano. ¿A quién le diriges tus maldiciones cuando no sabes quién es el culpable? ¿Al mundo? ¿A Dios? ¿A ti mismo?

Tras asimilar que efectivamente hay dolor en este mundo me pregunto muchas cosas, sin embargo una brilla más que las otras: ¿forma parte necesaria de la vida sufrir? ¿puede ser que el dolor sea un mal indispensable en nuestra vida?

El dolor, esa experiencia tan nauseagunda provocada por nuestras propias células que nos indican que el tejido se muere y que se debe realizar una acción para que cese dicha agresión, no sólo se manifiesta como dolor físico generalmente también se experimenta uno relacionado con las emociones y los sentimientos.

Ambos están controlados por infinidad de hormonas que inhiben o refuerzan una sensación, tu sistema endocrino produce endorfinas para que te sientas bien o produce cualquier otra "droga" si no es así, al final parece que todo se basa en la segregación de esta y no otra sustancia, quizás carezcamos de auténtico control sobre nuestras emociones.

Es irónico pues no me imagino cuanto sufrirían algunas personas si se percataran que gran parte de lo que nos hace "humanos" no es más que un recipiente donde se vierten infinidad de sustancias que conforman, junto con otros factores, nuestra respuesta emotiva. ¿Cómo de doloroso podría ser para una madre decirle que ese "amor maternal" no es más que la necesidad biológica de preservar la descendencia?

Entonces me pregunto, ¿son las hormonas quienes regulan nuestra actitud, o somos nosotros quienes, a través de distintas experiencias, sintetizamos sustancias que disminuyen o aumentan la percepción de dichas experiencias? ¿Quién controla a quien?

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A lo largo de los años he dado con muchas concepciones del dolor, de sus paliativos, de sus formas, de sus consecuencias... sólo una ha calado hondo. 

El humano padece muchas cosas; felicidad, enfermedades, tristeza, dolor.... Está última tiene cuatro formas primoridales de atenuarse, conocidas burdamente como "las puertas del dolor". 

Quizás la mayor facultad de nuestra mente es la capacidad para asimilar el dolor, por ello existen "cuatro puertas" tras las que el dolor aguarda. La primera es la puerta del sueño, al dormir o quedar inconsciente el dolor desaparece tras esa puerta. La segunda es la puerta del olvido, si el dolor es demasiado grande y el sueño no puede detenerla, es necesario olvidarlo para que cierre la herida pues el tiempo no las cura todas. La tercera es la puerta de la locura, si el dolor se prolonga o la mente recibe un golpe tan brutal que no puede asimilarlo, entonces la mente abandona la realidad para escapar de el.  La cuarta y última puerta es la muerte, a veces no queda otra salida que desconectarse de todo y tumbarse plácidamente en los mullidos brazos del abismo pues se supone que allí nada puede hacernos daño, o eso queremos creer.

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