Felicidad.
La felicidad sólo es un estado transitorio hacia la tristeza. Dos caras de la misma moneda que se disputan la dominancia en nuestra breve existencia. Todo se transforma y muta, ese cambio puede resultar beneficioso o perjudicial según se mire. La esperanza se torna en desesperación, la alegría en agonía, la amabilidad en rabia, la justicia en venganza, la belleza en inmundicia...
Con el tiempo, hasta el mejor de los vinos acaba convirtiéndose en vinagre, mas no hay que caer en el error de creer que el vino es la parte positiva de la vida y el vinagre la negativa, pues en tiempos de abundancia el vino te saciará pero sólo el vinagre te salvará en tiempos de peste.
Malos tiempos forman temperamentos fuertes y resistentes. El poderoso salvador contempla la putrefacción que le rodea, mientras busca el modo de acabar con ella. Él mismo se vanagloria tras haber librado al mundo de ese entorno tan sofocante. Ya no se precisan de fuertes músculos, ni perseverantes espíritus, ni templadas mentes...ya no, pues el mundo ha dejado de ser inhóspito y ahora es benevolente con sus pobladores. ¿Hasta cuándo?-me pregunto a mi mismo. ¿Hasta cuándo durará la calma que predece a la inminente e imparable tormenta?
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