Ímpios.

Derramaré mis comandos de la muerte, las devastadoras legiones de Fedaykin, sobre el mundo hasta covertirlo en un yermo inhabitado. No quedará nada ni nadie, toda entidad será barrida de la faz del mundo como si fuera polvo. Todos arderán, buenos y malos, justos e injustos, clementes y sanguinarios, no sólo los ímpios perecerán en las llamas pero si serán quienes las degusten en mayor intensidad pues el fuego también purifica la vida que arrebata. Todos serán pasto de las llamas mas el dolor limpiará la corrupción que te corroe las entrañas.

Y "¿quiénes son los ímpios?" te estarás preguntando. Lo mismo me pregunto yo, podría limpiarme las manos y decir simplemente que es aquel que daña, mata, viola, violento, roba, tortura...podría hacerlo sí, y nadie podría cuestionarme nada pues ese pensamiento es común a todo individuo "civilizado" en sociedad. Sólo el humano que tiene interiorizado el pilar de la no agresión puede vivir en armonía con la sociedad. Qué fácil sería catalogar a los ímpios como simples bestias sin raciocineo que dañan por simple deseo, sería realmente sencillo. Pero no, me niego a no ahondar más en la mente humana. Aquel que daña, ¿lo hace por una necesidad de supervivencia o por mero gusto?  Quizás la línea que separa al ímpio del puro sea la necesidad de los actos: hasta que punto una acción, dañina para otro ser, es necesaria en base a la supervivencia por el individuo activo. Es una lucha de poderes en pos de la supervivencia de la especie (individual en el caso de los humanos), en la que prima el más poderoso en unión de todos los ámbitos.

¿Es el hombre corrupto por naturaleza, o acaso es la sociedad quien lo corrompe? ¿Qué vuelve al hombre contra sus semejantes: el ansía de poder, la sed de sangre, el puro capricho, la necesitada venganza, el odio, el miedo, el amor? ¿Cuál es la verdadera careta del humano, la faceta civilizada capaz de vivir bajo un mandato o la faceta oscura que no contempla más racionamiento que los deseos propios? ¿Puede ser que vivamos en constante lucha entre ellas, y que sólo sean dignos de ser llamados humanos aquellos con la primera? ¿Qué me hace humano y qué no?

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Arderá todo y todos, incluso yo mismo quedaré aplastado por el Leviatán que creé. Así debe ser pues sólo cuando las llamas arrasen y devasten se podrá decir que el mundo ES porque no quedará nadie que te lo refute o que ponga objecciones, ni yo mismo podré plantearlo porque hasta la última célula de mi cuerpo habrá ardido y no quedará ni la sombra o el recuerdo de lo que fui.

Ante todo dolor, ante toda crueldad, ante toda corrupción, ante toda violencia que haya en el mundo sólo daré una solución: sembrar sal. Ahí donde plante sal no crecerán hierbas y donde no haya hierbas ni insectos ni parásitos ni bacterias no podrá decirse que hay dolor o crueldad o corrupción o violencia porque no habrá nadie que la sufra ni nadie que la causa. Ni siquiera quedará alguien que admire la devastación que ha acontecido en el mundo, y la belleza que deja tras su paso.

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