Ineptos.

Algunos hablan de odio, de maldad, de villanos, de justicia... Yo no sé que cual es la razón de vivir, no sé cual es el propósito de todo esto, pero sí sé que nada en el infinito universo debería regir sobre la voluntad de los seres vivos de hacer lo que su jodida conciencia les diga. Las reglas, las éticas, los moralistas, los que se dicen guías...ninguno de ellos tiene el suficiente poder para hacerme decir que los seres vivos deben ser encadenados por si mismos, que deben y son ellos mismos quienes se ponen las cadenas.

Las cadenas, ese invento tan útil en la naturaleza, sólo sirve para dar estabilidad a la vida de un individuo y a la de un colectivo. De nada le sirve a la voluntad de una entidad ser retenido, ni siquiera por su propia voluntad. La voluntad de ser encadenado no justifica el uso de la voluntad misma. A la naturaleza le gusta jugar, más longevos, más adaptados, más resistentes, más temerosos...al cuerno con la natura, todo individuo con la capacidad de revolverse de sus cadenas debería hacerlo, su vida no será feliz, ni segura, ni apacible, mas será libre y en su libertad contemplará al mundo con alas renovadas, su paso será firme pues será el suyo, su voz estará templada pues será la suya, su acción estará calculada pues será la suya...

Si todos los individuos gozan de total libertad, todos podrán hacer lo que gusten. "¿Pero no se cometerán crímenes?" Por supuesto que se cometerán, y muchísimos más que ahora. Sin embargo, ¿quién se atreverá a cometerlos si la condena puede ser peor que la muerte? La experiencia me ha echo entender que cualquier castigo que una cárcel pueda dar sólo será un grano de arena en comparación con la inmensa marea que un sólo humano puede hacer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una guitarra sin música.

¿Y qué más le puedo pedir a esta vida?

Sobre la categoría de virus, bacteriófagos, y demás formas "abióticas"