Injusticias.

Nadie quiere ser víctima de una injusticia. Al igual que la inmensa mayoría no quiere ser causante de la desgracia de otro (en la mayoría pero no en todos los casos). Sin embargo es diferente cuando en la desgracia de otro, se beneficia uno mísmo, ahí la historia cambia  porque ¿quién no aceptaría beneficiarse aunque otro saliera mal parado?

Hay unos pocos, estúpidos ilusos o bellisímas personas según quien mire, que no elegerían beneficiarse si otra persona saliera perjudicada. Fuertes voluntades, éticos empedernidos, viciosos moralistas...adquieren muchos nombres y denominaciones, actúan de muchas formas y maneras, aunque siempre se les reconoce por la esencia de sus actos.

Son los llamados justos, amables, compasivos... Son los más débiles en fuerza pero dicen ser los verdaderos humanos, los únicos dignos de llamarse humanos. Predican que el humano debe ser compasivo y bondadoso con todos los seres vivos, y especialmente con otros humanos. 

Yo digo que no. No existe algo así como un requisito para ser humano, o una excepción que te quite tal título. No quiero que mis palabras sean malinterpretadas; me gustaría afirmar que sea lo que sea un humano siempre tendrá algo de libertad, aunque sea una pizca de libertad.

Al cuerno con el mundo, al cuerno con la natura, al cuerno con todo. En un mundo de reglas preestablecidas, en un mundo de ensombrecidos actos, en un mundo que se parece más al infierno que al paraíso...en un mundo abobinable no hay mayor ley que la impuesta por uno mísmo. 

Dado los inmuerables fracasos acontecidos en el pasado, no puedo sino afirmar que ya está bien de tanta colectividad. Las sociedades no son sólo la muerte del propio individuo y de su característica individualidad, también lo son de sí mismas: propician su propio colapso. Todo intento pasado de colectividad ha fracaso, y los que no están dando sus últimas bocanadas. Las sociedades, las religiones, las asociaciones, el amor, la familia, los amigos, las agrupaciones....la traición impera como una de las más severas leyes reinantes. 

No hay confianza sin traición. No hay amor sin odio. No hay amistad sin enemistad. No hay héroe sin villano. Aquellos que osan llamarse héroes, santos protectores de la humanidad, no son más que villanos sin experiencia, en cuanto se den cuenta que el mundo no merece sacrificio alguno para ser salvado. Con el tiempo, el héroe se cansa de sacrificarlo todo para salvar al mundo, y decide sacrifir al mundo para salvar aquello que le importa más.

Siempre habrá nuevos mundos, siempre surgirán nuevas civilizaciones, siempre se formarán nuevas familias, siempre se podrán hacer nuevos recuerdos felices...pero ¿quién le develve al héroe aquello que ha sacrificado, acaso se le puede devolver a un hombre su propia humanidad? El héroe se enfrenta a las tinieblas del abismo, lo que no sabe es que cuando miras el abismo, el también te mira a ti. Y así tu pupila se vuelve cada vez más opáca hasta que no queda ni rastro del hombre que solías ser.

Cuando el polvo se asienta, cuando el fuego se extingue, cuando la sangre se drena, cuando los cadáveres se sepulten...¿qué quedará del héroe? ¿Acaso nadie ha pensado que tras cada batalla, tras cada espadazo, tras cada gota de sangre, tras cada alma segada, el héroe se pierde así mismo?

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