Memorias de un viajero.

Aquel que sería viajero ni siquiera se planteaba en su niñez los caminos que habría de recorrer durante su vida. Cuando por fin se percató de los caminos que le aguardaban, ya había avanzado por varios de ellos. Siguió avanzando por los caminos que le eran más hermosos y apacibles, aquellos que le deparaban una existencia más afable. Más tarde, se volvió un experimentado viajero que contemplaba el camino que había recorrido, y si bien antes le parecían hermosos y perfectos, ahora se volvían terribles, llenos de errores, inmundicia, dolor...Los caminos que podían haber sido se agolpan en su mente, aquellos que fueron rechazados ahora se muestran agradables, aquellos indecisos ahora conducen al estancamiento final. Multitud de caminos se abren a su paso, los hay difusos o claros, luminosos o ensombrecidos...lo único que sabe este experimentado viajero es que todos los caminos conducen al mismo lugar. Al final sólo queda el cansado viajero que observa su recorrido con impertérrita mirada; aciertos y errores, belleza e inmundicia, felicidad y tristeza, esperanza y desesèración...Nada le importa ya al viajero, el extenuante camino ha echo meya en él.

Los caminos antaño empedregados, ahora lucen nefastos y en desuso. Nada perdura entero, hasta el más bello recuerdo entra en decadencia cuando la memoria comienza a perderse. Lo que se pudo hacer, lo que se debía hacer, lo que se debería haber echo...lo que se puede hacer, lo que se debe hacer, lo que se debería hacer...lo que se podría hacer, lo que se deberá hacer, lo que debería ser echo.

Pasado, presente, futuro. Tiempo. Tiempo, tiempo, tiempo, tiempo...Acabaré enloqueciendo, lo sé. Un pie tras otro, uno más, y otro, y otro, y otro, y otro...¿todo para qué? ¿para acabar arrepintiéndote, para acabar llorando, para acabar riendo, para acabar gritando, para acabar de cualquier forma? ¿De verás aguantarás todo eso sólo para acabar en el mismo sitio?

El viajero joven es ignorante pero feliz, el experimentado viajero se da cuenta del teatrillo pero continua participando, y el agotado viajero se lanza, sonriente o no, al vacío.

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