Desesperanza.

¿Por qué me haces esto de nuevo? ¿Por qué dices cosas tan feas de nuevo? Te pedí tiempo y aceptaste, y ahora vuelven los miedos y dudas iniciales.
Soy un grandísimo estúpido, me levanto a las ocho de mañana para estar 4 horas en un cursillo y aquí me hayo a la una de la mañana, tumbado en un incómodo sofá, con una manta, asqueado de tantos mosquitos y muriéndome de frío. Esperando impaciente una llamada que nunca se producirá, y aún así te escribo esto con lagrimas en los ojos a punto de estallar de la impotencia.

¿Qué es lo que quieres, mi niña? Sólo dímelo ya porque no creo que pueda aguantar mucho más. Sólo dime qué es lo que te molesta para que lo podamos solucionar. Sólo dime qué es lo que te asusta para que lo hagamos desaparecer.

Te pedí entre lágrimas y súplicas que me llamaras, estabas molesta y dolida, y yo quería solucionarlo. No sé qué es lo que buscas pero hoy me has hecho daño. Estoy intentando cambiar de pensamiento y tú ya me has abandonado, o no sé, yo quisiera entenderte pero me lo pones muy complicado. 

Y ahora vuelve la desesperación, y aquí solo me hayo de nuevo. Solo ante la oscuridad. Ya no se ve tan desagradable desde luego mas eso no significa que vaya a poner un pie en ella. Es un platillo ya conocido con resgustillo más bien ácido.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una guitarra sin música.

¿Y qué más le puedo pedir a esta vida?

Sobre la categoría de virus, bacteriófagos, y demás formas "abióticas"