Perdido.
Otra vez perdido en el laberinto que representa mi propia mente. ¿Qué busco, qué ansío, qué anhelas? Ni yo mismo lo sé. ¿Qué puedo pedir aparte de felicidad? ¿Acaso la felicidad no trae el resto? El futuro es incierto, el tiempo juega en nuestra contra. Mi cerebro es traicionero, los pensamientos nublan mi juicio. Mi mente desvaría, ya nada es lo que parece ser.
Claro que podría vivir sin ti, ¿pero que pésima vida sería esa? Claro que podría vivir sin nadie, ¿pero que nauseagunda existencia sería esa? Claro que podría vivir sin mí mismo, ¿pero que bueno tendría la vida? Se me parte el corazón al eschucarte decir que me darías un fuerte abrazo de tenerme delante, se me parte no por la imposibilidad de recibirlo, sino por las consecuencias que ello acarrea.
Que me tengas simpatía pesa más que todos los pecados y blasfemias que he cometido contra Dios, contra los hombres y contra mí mismo. Que me tengas simpatía implica necesariamente que soy alguien relativamente importante en tu existencia, e implica también que habrá dolor cuando se produzca el "adiós", ya sea un adiós precipitado y tajante por cualquiera de las partes, o un adiós silencio que se produce por la distensión del tiempo sobre los cuerpos.
Deja el pesimismo atrás, deja de sobrepensar todo el rato, deja ya ese pensamiento tuyo. Se lo has prometido, a ella y a ti mismo. Tendrás que cambiar de pensamiento si quieres ser feliz a su lado. El cambio implica liberarse de las pieles antiguas para adquirir unas nuevas, no tiene porqué ser malo. Confía en que será así y sino ambos habremos ganado.
Me revuelvo en mi propia mierda porque creía que era mejor partir de la desesperación absoluta. Una vez que estás en lo más profundo es más fácil salir, pensaba. No es bueno tener ilusiones porque sufriré si no se cumplen, creía.
Ahora veo que estoy equivocado, he intentado ser feliz con unas gafas que lo veían todo negro. Ahora toca cambiar de gafas con tu ayuda, sólo te pido tiempo.
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