El sueño de hoy.

Y aquí estamos de nuevo, en esta colosal estancia que tiene como techo una cúpula con una noche estrellada que ninguna criatura, ya sea mortal, divina o demoníaca, podrá nunca presenciar. No hay ninguna luz que ilumine la estancia, sólo queda el leve resplandor de un cuerpo que yace inmóvil cerca de mí.

No hay luz, y aún así se pueden atisbar los bordes del mobiliario, el contorno de las columnas y los rostros de los no mortales que rellenan la sala. Es cierto que todo está a oscuras, pero hay cosas más oscuras que otras. O mejor dicho, hay objetos y personas que atraen la oscuridad, y por esa razón se les puede identificar entre la negrura. 

Los muebles no han cambiado, sólo su posición. Ahora están más alejados unos de otros y del trono. Yo continúo en el, paciente y mirando a la nada, un silencio triple. Los generales están asustados y por eso callan, incluso el Otro guarda silencio. ¿Cómo hemos llegado a está situación? ¿Cómo he permitido que esto ocurriera?

Tengo a Dios y al Diablo arrodillados y con las manos atadas. Tiemblan mientras miran al suelo asustados, pues acaban de comprender el potencial de un mortal con una motivación focalizada. Tienen miedo, pues acaban de sentir todos los temores que ellos infunden en los mortales; el dolor y la desesperación son el aperitivo, yo les ofrezco llamas más abrasadoras que las del purgatorio. 

Ellos también tienen la mirada perdida, no saben que será ahora de su existencia, justo como yo. Han visto como la desesperación se tornaba en apatía y finalmente en impulso, en lo que se tarda en pestañear. No comprenden semejante cambio, aún no saben que llevo practicándolo toda la vida. Creo que van a llorar, les he amenazado con la destrucción en un momento de ira. Aún no saben que les pera algo mucho peor.

El trono, con su brillante negro y sus veteados rojizos, todavía muestra las cicatrices que causó el ácido, todavía muestras las muescas que causó mi dentadura, todavía muestras las quemaduras que causó mi llanto. No me puedo mantener sentado, y por ende me levanto. Un aguzado lector se habrá dado cuenta de que me niego a posar la vista en algo, aquel cadáver aún desprende calor e irradia la luz que un día iluminó esta estancia.

Es el cuerpo inmóvil de mi amada. ¿QUIÉN FUE? ¿QUIÉN LA MATÓ? ¿QUIÉN OSÓ ALTERAR SU RECUERDO? ¿QUIÉN HACE QUE DUDE DE ELLA? Silencio...no había ruido. Ni el crujir de las hojas, ni el sonido del viento, ni el golpeteo de las lágrimas contra el marmóleo suelo. 

La han matado sin que me percatará siquiera. Mi propia mente ha borrado el recuerdo de mi preciosa princesa. ¿Quién es el artífice de esta traición? ¿Quién debe recibir la condena ahora? Todo lo que ella significaba para mí...todo ha sido borrado, quemado y arrancado de mi memoria. 

Me obligo a avanzar. Aún puedo recordar su figura mientras bailaba. Esa bella figura yace ahora a mis pies, inerte pero cálida, rota pero radiante... No puedo permitirme llorar, no aún, no con tantas cosas que debo hacer. El tiempo de llorar su partida llegará, ahora tengo que mantener la mente fría. Soy un calmado lago hasta que yo mismo decido desencadenar la brutal tormenta.

Mis manos no reaccionan...ya no las siento como mías. Quiero recoger los pedazos de lo que fue y sigue siendo mi amada. No puedo contener las lágrimas, los recuerdos vuelan y danzan por toda la estancia. No hay nada que los pare, ni yo mismo puedo controlarlos... El silencio se ha esfumado pero todos siguen callados. Saben que es un momento importante, aquí y ahora es cuando un niño se hace hombre, cuando un hombre decide si desencadenar su ira contra el mundo o resignarse a contenerla...

Dios y el Diablo tienen miedo. Acaban de presenciar lo terrible que pueden ser los pensamientos de un mortal, incluso los de uno inocente. Me temen, pero también me infravaloran. Creen que Epicuro vive en mi interior y que esperaré a que se rompa el palo del amo. No, arderá tu hogar antes que eso pase. 

¿Por qué te ríes Diablo, acaso no me crees? Iluso ser inmortal, hay cosas peores que la muerte. Sabes de venganzas, mas no conoces las venganzas humanas. Vas a conocer mi rabia, y te lo digo con voz tranquila y sosegada. Has apagado la única luz que yo podía ver... ahora te mostraré toda la oscuridad que esa luz espantaba. 

Ya no entiendo de mandatos o de leyes...ni siquiera de desorden, hasta en el caos hay un patrón. No, yo te hablo de la ira de un hombre amable, un hombre que amaba y perdió, un hombre roto y reparado... te hablo de un hombre que se ha perdido demasiadas veces, y al que no le importa vivir entre monstruos.

Todos. Todos vosotros, bastardos. Todos habéis colaborado en esta traición. ¿Queríais ahorrarme dolor, es eso? ¿Acaso queríais que fuera feliz? Malditos ineptos... ¿no os dais cuenta? Ya no podemos seguir quemando lágrimas como si fueran combustible, no podemos seguir avanzando en la oscuridad, no podemos seguir siendo ajenos a todo y a todos... se trataba de  crear algo bonito con una persona bella, real y buena. 

Queríais recuperar el control de lo que ella nos quito, lo sé. Aún no comprendeís que ella no robó nada, yo se los regalé. Le regalé mi corazón para que pudiera guardar lo que quisiera en él. Le regalé mis ojos para que pudiera verse tal como yo la veo. Le regalé mi mente para que supiera con certeza que tiene a alguien en quien confiar. Le regalé mi alma para que ella misma juzgara la razón de mis acciones.

Ahora me encuentro aquí y ahora. El cuerpo yace radiante aún a mis pies. Contemplando el rostro que vería todos los días al despertar. Ahora tengo el alma rota, el corazón perdido, la mente confundida y los ojos mirando a la nada. Me pregunto qué debería hacer, miro el cielo estrellado...y me despierto súbitamente. La pesadilla ha terminado, nada ha sido real más que en mi mente.

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