Perdón y venganza.
Dualidades, ying y yang, blanco y negro...uno no existe si no es contrapunto con el otro.
Hay muchos caminos que recorren el sendero de la vida. Esta vez quiero centrarme en dos: el camino del perdón y el camino de la venganza.
A primera vista son opuestos. Y es cierto, lo son. Mas es debidamente necesaria la existencia de uno para que el reverso tenga cabida en la lógica de esta realidad.
En fin, dejando de lado tanta verborrea. Voy a atajar directamente al tema que nos atañe aquí y ahora. Aquí y ahora, muchachos.
El camino del perdón es aquel mayormente idealizado por las masas. "Si hay perdón puedes vivir en paz"- piensan. Y en parte, mas sólo en parte, es cierto. Una mente tranquila duerme mejor que una con sed de venganza.
Sin embargo, el camino del perdón implica necesariamente la resignación ante las desgracias de la vida, significa restar importancia a aquello que te forma, significa restar importancia a tus seres queridos y a ti mismo. Simplemente por querer paz en tu corazón.
El camino de la venganza no es mejor. Este camino implica guerra, implica fiereza, implica, fuerza, implica impasibilidad, implica fortaleza...implica en cierto modo perder parte de tu humanidad en pos de un fin único: el arte de la guerra. Sacrificarás parte de tu humanidad e incluso parte de ti mismo para vengar un mal pasado. Te irás de este mundo al igual que viniste, entre sangre y gritos.
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