Sueño.
"Y yo me paré sobre la arena del mar, y de él vi emerger a una bestia de siete cabezas y diez cuernos, y sobre cada uno, tenía una diadema.
Y encima de cada cabeza el nombre de blasfemia..." Apocalipsis según san Juan, 13, 1-4.
Yo me paré en frente de esa bestia y con apaciguadoras serenatas conseguiré calmarla. No sería su dueño, domador o señor, sería aquel que trae paz a su corazón, ¿para qué querría más?
Y yo me paré en mitad de la corriente para encontrar los tesoros que en sus bravas aguas se esconden.
Y yo me paré enfrente de una pared para decirle bellas palabras hasta que la masilla se convierta en lágrimas de felicidad, y las ruinas de lo que antaño era una frontera se conviertan en un nuevo sendero.
No se me permite seguir, lo sabes bien. Aún así confío en poder atravesar las barreras que hoy nos separan.
Decepción, que sentimiento tan raro. No puedo decir que esté sorprendido, ciertamente me he ganado a pulso el resultado.
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