Redención.

Tantos pensamientos y tan pocas palabras. Ya me han dicho que fluya, que deje de luchar contra la corriente, que me calme...que quizás llegue a buen puerto.
Es posible, claro que lo es, pero no soy muy fan de lavarme las manos y cederle las riendas al destino. Ya no importa, ya ha empezado, el cambio es inevitable...y me he rendido ante él.

Quiero cambiar, quiero que sea positivo, quiero preocuparme por aquellos que me ayudan, quiero no dañar a quienes me importan...

Quizás es un sueño infantil, uno de muchos, pero es sencillamente lo que hay si quiero alcanzar mi objetivo. Relajo los músculos y me dejó arrastrar, ya veremos si floto o me hundo.

Tengo que dejar ese egoísmo tan férreo que llevo como una segunda capa de piel, el pasado no es excusa para justificar mis actos presentes o futuros. Debo aprender a preocuparme por los sentimientos de los demás, con especial empeño en los de mis allegados más cercanos y en los tuyos.

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