Rosa del desierto.
Han pasado muchas horas desde que tuve esta esporádica idea de entrada, lamento decir que he olvidado parte del contenido original y me congratula aclarar que he añadido algunas nuevas. Con esta entrada sólo espero que pueda sacarte esas maravillosas tonalidades rojizas que tan bien complementan con tu pálida tez, espero que pueda sacarte una sonrisa en esos días más tristes que alegres, y también espero que este texto actúe de testamento acerca de lo que opino de ti, habitante permanente de mis pensamientos.
Eres como una rosa del desierto. Fuiste forjada en un asfixiante entorno, las infernales temperaturas y las abrumadoras tormentas crearon lo que hoy mis ojos más admiran. Cada grieta es un signo de dolor pero también de perseverancia, cada intrusión es un signo de error pero también de aprendizaje, cada filo es un signo de traición pero también de aceptación... cada palmo es un recuerdo del camino recorrido, camino que nunca debería ser olvidado.
Eres como una rosa del desierto. Unas manos inexpertas se cortarán con su simple tacto y se asombrarán con la rugosidad de su superficie. Sin embargo, para aquellas manos que saben como tratar con delicadeza a cualquier objeto o ser viviente, serán suaves pues asimilarán el relieve que conforma su desgastada superficie y se maravillarán al darse cuenta de que la vida, hasta la de una roca, es un camino de desgaste. Esas manos también comprenderán la inocencia de una roca filosa que no tenía intención alguna de cortar; para eso están los labios, para lamer la sangre de la herida y así seguir admirando todas aquellos rasgos que la conforman. El conocimiento previene las equivocaciones.
Eres como una rosa del desierto. Qué espectacular es la refracción de la luz en sus cristales que hasta con un pequeño rayo de sol pueden ahuyentan hasta a la más cerrada noche, unos cristales perleados que iluminan hasta el más sombrío corazón. Qué solemnidad emana al permanecer erguida pese a los cambios de su entorno, aunque alguna vez deba enterrarse en la arena. Qué maravilloso es observar el crecimiento de sus cristales día a día, esperando permanecer así todo el tiempo que la vida permita. Deslumbrado o estupefacto no son adjetivos lo suficientemente potentes para expresar el estado en el que quedo después de mirar tu rostro. Medusa necesitaba mirar a sus víctimas para transformarlas en piedra, con el mero recuerdo ya haces que mi corazón se pare.
Eres como una rosa del desierto. Pese a toda la contaminación de cuerpos y eventos extraños que la rodeaba, ha conseguido mantener su esencia: la arena. Esos mares de relucientes olas que el abrasador calor y los incesantes vientos transformaron en una flor caracterizada por su belleza y su rareza. Mantuvo su esencia pese a las adversidades, simplemente hubo una metamorfosis. Es una parte de la vida, te conviertes en polvo o te atreves a cambiar.
No quiero cometer la osadía de decir o tratarte como un objeto con dueño y posesión. No obstante sigo guardando esa débil esperanza de que algún día, en un alejado futuro, puedas ser mía de la misma forma que quiero ser tuyo. Hasta un viajero exhausto y cegado tiene la posibilidad de encontrar un tesoro en mitad de la basura, aunque sea una única vez en su mísera existencia. Sólo tengo una petición que hacerte, no tomes estas palabras como simples cáscaras vacías, han destrozado todo con su salida.
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