Belleza.

Tratar de hablar sobre tu belleza es bastante inefable, podría tratar de escurrir el bulto con meras descripciones, podría recurrir a clichés propios de todas las épocas...creo que a esta entrada debo dedicarle el tiempo que se merece. 

No puedo ni siquiera tratar de describir tu belleza, porque al hacerlo estaría limitándola. Cuando defines un objeto, un fenómeno o una persona, la enjaulas entre las palabras que le dan significado y no les permites ser más, se vuelven intransmutables. Creo que no debería hacerlo, creo que debería dejar la puerta abierta a un sinfín de sentimientos, creo que debería explicar sin más como me haces sentir.

¿Tiene sentido que continúe? Quizás si sigo sólo consigo que se enfade, ¿debería arriesgarme? 

Dicha, siento dicha cuando hablamos, cuando nos vemos...aunque es una palabra muy simple para lo que realmente siento. Haces que me olvide de todo, de lo bueno y de lo malo, me pierdo cuando intento encontrar el patrón de colores en tus iris, esa risita tan tuya hace que mi corazón golpee con fuerza mi caja torácica, el contraste de tu pálida piel y tus sonrosadas mejillas me hicieron darme cuenta del porqué los poetas, pintores y escultores deciden pintar a sus musas. Es muy basto decir que siento dicha, es el camino fácil para hacerme entender.

Me enamoró tu cara y tu figura, te empezé a amar cuando por fin te conocí. Por ti recuperé muchas esperanzas, la esperanza en esta sociedad, la esperanza en la vida, y la esperanza en mí mismo. Nunca he tenido a nadie en quién confiar tanto, con quién pudiera ser yo mismo o tener una conversación seria pero interesante. 

Sonará cursi o estúpido pero aprecio todos los recuerdos, conversaciones y momentos que hemos pasado este verano, tanto los buenos como los malos (de los errores se aprende), espero que podamos seguir siendo amigos por muchos años, te guardo en mis pensamientos y en mi corazón, aunque ya sé que no eres muy de aceptar ayuda, podrás contar conmigo para lo que necesites. Aunque todo sea en vano.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una guitarra sin música.

¿Y qué más le puedo pedir a esta vida?

Sobre la categoría de virus, bacteriófagos, y demás formas "abióticas"