Ilusiones.
Me parece que una parte importante de la esencia de la vida es arriesgarse, hagas lo que hagas correrás cierto riesgo. Creo que uno de los mayores y peores riesgos que se pueden correr es el de ilusionarse, este lleva persiguiéndome gran parte de mi vida y con fructíferas victorias a su favor. Aún no sé contenerme en ese aspecto, ni siquiera sé si podré. Es un acto atroz y casi inhumano el perder la ilusión por la vida.
De nuevo una dualidad, me hago demasiadas ilusiones para cualquier cosa pero a la vez siempre está esa vocecita que me dice que todo va a salir mal, que no se va a cumplir, que algo pasará... Vivir con los dos extremos, confiando totalmente en que saldrá bien y sabiendo, sin lugar a dudas, de que no se cumplirá. ¿Qué efecto/s tendrá eso sobre mí y mis actos?
Y de nuevo me encontré volviendo solo a mi casa, con ese andar que se está volviendo tan familiar para mí. Ese andar tan distinguible por la mirada perdida del huésped de la dolencia, por el a propósito ignorado o desconocido destino, incluso por no saberse ni que está andando. Los auriculares perdí, con dos simios ineptos tuve ganas de pelarme los nudillos, mirando las estrellas con la idea de que estuvieras haciendo lo mismo... Dando vueltas por el mismo recorrido, una y otra vez, desde las seis menos diez hasta las seis y media, qué imbécil ilusionado. Quería verla de nuevo pero el azar nunca quiere que coincidamos, ella ya se había ido, ella había estado con otras, divertido con otras, bailado con otras, ahora te arrepientes de no haber ido, ahora pagarías si es sólo dinero joder, pero ya no puedes volver atrás, haces de tripas corazón y así a la próxima actúas diferente...y tú estabas muriéndote de miedo en la soledad de la noche, tú esperabas un mensaje que nunca llegaría, viendo pasar el tiempo con su tan asquerosa quietud y viendo como se conectaba una y otra vez, fuiste fuerte (¿?), aguantaste hasta que tu corazón no podía encogerse más y las lágrimas habían cedido su espacio a la impotencia y al miedo. Aguantaste hasta las seis y media para mandar un último mensaje de ruego, la última botella de un náufrago que lo daba todo por perdido. ¿Se habría acordado por sí misma o se habría acostado sin más? Supongo que ya no importa, no he tenido el coraje de sacar el tema y ni mucho menos lo haré ahora. Ahora descansa, princesa, hablaremos cuando puedas, ya sé que no puedo esperar otra cosa.
Comentarios
Publicar un comentario