Mar.

Mares que conforman el mundo, mares inexplorados, mares que generan olas...

No hay dos olas iguales, tal como no hay dos personas iguales o una única persona que se mantenga imperturbable al paso del tiempo. El surfista, y sólo el surfista, es el que debería elegir que ola coger. 

Es muy complicado elegir la ola porque puede ser o no la adecuada, una mala elección puede causarte una lesión. Lesión que te impedirá o te dificultará coger otras olas. Olas que no suelen mostrar su verdadera naturaleza, el surfista es humano al fin y al cabo, no puede desconfiar por las apariencias, tiene que creer que las apariencias no engañan, que las palabras son ciertas, y que los actos son los que son.

Quizás esa ola que no parecía que no conduciría a nada ha llegado hasta la orilla, o quizás esa ola que parecía tan potente no te habría arrastrado más de unos metros. Es muy dificíl elegir aún sabiendo la verdad, imagínate sí encima dudas. 

Depende de cuantás ganas tenga el surfista de cabalgar una ola, entonces tendrá que elegir entre esperar a una ola que crea que merezca la pena o arriesgarse con la que se presente. O quizás el surfista simplemente quiera admirar la belleza del mar en silencio. 

Belleza que también se refleja en el momento en el que surfista y ola se encuentran, la belleza del fortuito encuentro entre un preparado surfista y una ola que inundaría el mundo. Lástima que cada vez ocurra menos, que lástima cuando un surfista ha sufrido demasiadas lesiones como para arriesgarse otra vez o que el surfista se quede impertérrito cada vez que una ola intenta arrastrarlo, que lástima que cada vez haya olas más débiles en el tiempo y más fuertes estampando al surfista contra la arena.

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