Masas.
Te juntan y acogen como si realmente lo merecieras. Como si fueras un cachorrro.
Te protegen y velan como si realmente lo merecieras. Como si fueras un necesitado.
Te glorifican y elevan como si realmente lo merecieras. Como si fueras un ser superior.
Te zarandean y chocan como si realmente lo merecieras. Como si fueras un mueble más.
Te desmiembran y rajan como si realmente lo merecieras. Como si fueras un simple trapo.
Te derrumban y arrastran como si realmente lo merecieras. Como si fueras un madero errante.
Te exterminan y ajustician como si realmente lo merecieras. Como si fueras un criminal.
Te enclaustran y entierran como si realmente lo merecieras. Como si fueras un cadáver.
Te desatienden y olvidan como si realmente lo merecieras. Como si fueras una basura.
Te ignoran y desconoce como si realmente lo merecieras. Como si fueras simple polvo.
Eso son las masas, mareas fluctuantes que te dejan enarbolan o te hunden. Así funcionan las masas.
¿Debería dejar que las palabras salieran de mi boca, tal y como el veneno sale de las viperinas fauces?
Lo he pensado, dicho y escrito demasiadas veces ya. Una vez más no hará una gran diferencia tal cómo no lo hicieron ninguna de las anteriores.
Escribir sobre la sociedad, ¿para qué? Escribir sobre su gente, ¿para qué? Escribir sobre mí mismo, ¿para qué? ¿Acaso eso hará que algo cambie?
Comentarios
Publicar un comentario