CNSUEDS #2
La perdida del aquello que soy, la perdida del "yo", desde el comienzo resulta un tema interesante de tratar, ya que, supone una suerte de disgragación entre ellos y yo, algo así como: aquí terminan ellos y aquí empiezo yo. Los medios tradicionales de comunicación (en persona, por carta...) están perdiendo la batalla contra los actuales, los corrientes de la modernidad han traído la velocidad a nuestros pies y ya no toma más de un segundo el contactar con otro ser humano ajeno a tu conciencia.
Monómeros enlazados entre cientos de nosotros. Estructura básica de esta vasta red que llamamos sociedad. Escurridizos apostadores que ponen en riesgo, o apuestan para los más ludópatas, aquello que son para conseguir una burda imagen de lo que el resto cree que son. Te adentras en un mar desconocido para quitar toda la suciedad, sangre y costras que recubren tu carne. Entrar en contacto con los otros es un riesgo. Si lo haces de forma continuada y sin cuidado alguno, cabe la posibilidad de que pierdas la perspectiva de quién eres: tu singularidad.
El camino más corto de un punto a otro no es una línea recta, quizás sí lo fuera en la física clásica, pero en el modelo cuántico el espaico (y el tiempo) pierden consistencia y dejan de parecer tan rígidos. El lento conomiento lineal deja el testigo al conocimiento arborescente, este es mucho más rápido que su pariente. A través de la ramificación de ideas se obtiene una mayor eficiencia en los procesos mentales, usas atajos, te sumerges en un agujero de gusano sin tener ni idea de donde vas a aparecer.
De igual forma ocurre con las ideas que plasmamos, principalmente, de un únido modo (indepedientemente de que sea escrito, artístico, verbal o de otro tipo). Hemos abandonado los antiguos usos en favor de un modelo más divagativo en detrimento del anterior, que daba prioridad a una única forma de expresión por cada producción. Hemos "evolucionado" a un sistema de hipertextos.
(Antropocentrismo)
Me he obligado a escribir estas líneas pese al deporable estado en el que me encuentro, en un intento de hacer que el día sea mínimamente productivo a la vez que no actuo de forma agresiva conmigo mismo. Sin embago con cada tos, con cada vómito de bilis, con cada mareo y con cada escalofrío, me doy cuenta de la vulnerabilidad del cuerpo humano, qué leches, de la fragilidad de la vida en general.
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