Panorámica filosofía medieval
La época medieval (siglos v-xv) se caracterizó por el predominio cultural en Occidente de la religión cristiana. Los primeros teólogos y filósofos cristianos se enfrentaron a la filosofía griega, rechazando los aspectos que chocaban con su fe y adaptando las teorías más afines. La filosofía se puso al servicio de las creencias religiosas. La distancia entre la creencia (fe) y la filosofía (razón) hizo que la mayoría de los pensadores cristianos abordaran el problema de las relaciones entre la fe y la razón, entre la religión (teología) y la filosofía. (Afectaba a todos los ámbitos de la vida)
Una postura respecto a las relaciones entre fe y razón fue la de Clemente de Alejandría quien afirmó que éstas no son algo opuesto pues parten de lo mismo (Dios nos revela la verdad pero también nos dota de razón porque busca que seamos inteligentes) y buscan lo mismo: la verdad. La razón suple a la fe en la medida que permite profundizar en ella y defenderla. Esta misma línea seguirá San Agustín de Hipona varios siglos después.
Agustín de Hipona representa la culminación de la patrística y el primer intento de síntesis entre el cristianismo y la filosofía platónica, no hay clara distinción entre razón y fe. Sólo existe una verdad a la que nos conduce la fe, aunque la razón puede contribuir a comprenderla mejor. El predominio de la fe es evidente, pues sin la creencia en los dogmas el ser humano no puede llegar a la verdad. Aún así la fe debe apoyarse en la razón para aclarar, hasta donde pueda, sus contenidos. La razón correctamente utilizada no puede estar en desacuerdo con la fe. Esta vinculación entre fe y razón fue característica de la filosofía cristiana hasta que se difundió el pensamiento de Tomás de Aquino, y supuso la subordinación de la filosofía con respecto a la teología.
El surgimiento de la escolástica. Durante los siglos v al VIII se produjo un declive general de toda la cultura europea. En el siglo IX, con el llamado «renacimiento carolingio», se fundaron las escuelas monacales, vinculadas casi siempre a monasterios de las distintas órdenes religiosas, y las escuelas catedralicias (principales centros de enseñanza e investigación de la época). En ellas y en las universidades (>XI) se desarrolló la escolástica. Un monje que destacó en la tarea de traducir los textos antiguos fue Anselmo de Canterbury quien introdujo la lógica de Aristóteles en teología allá por el siglo XI, cuando una incipiente escolástica comenzaba a dar sus primeros pasos. También desarrollará una demostración a priori de la existencia de Dios (Kant lo llamará argumento ontológico).
La escolástica engloba gran diversidad de enfoques, si bien el núcleo de su reflexión es teológico. La existencia y naturaleza de Dios, las relaciones entre la filosofía y la teología y entre la razón y la fe son temas comunes a la mayoría de los escolásticos, los cuales no dudaban de la superioridad de la teología ni de la subordinación de la filosofía ("esclava de la teología"). La lectura y el comentario de los textos fue el elemento fundamental del método escolástico. Un método basado en aceptar la autoridad indiscutible de las Sagradas Escrituras, de los Padres de la Iglesia y de algunos principios de la filosofía de Platón y, posteriormente, de Aristóteles.
Mientras que en los primeros siglos de la Edad Media el pensamiento de Platón fue el más aceptado por los teólogos cristianos -sobre todo- por su presencia en la obra de Agustín de Hipona-, después de las traducciones árabes de Aristóteles, en especial las que realizó Averroes, la influencia de la filosofía aristotélica fue crucial en todo Occidente. Así, a principios del XIII se extendió en la Universidad de París el averroísmo latino. Esta corriente, cuyo principal representante fue Sigerio de Brabante, basándose en la obra de Aristóteles, defendía la autonomía de la razón frente a la fe. La característica del averroísmo es su apoyo a la teoría de la «doble verdad», según la cual la razón establece autónomamente verdades que pueden ser contrarias a las de la fe; es decir, hay verdades propias de la fe y otras propias de la razón, y es posible que sean opuestas, pero ambas serán ciertas.
Tomás de Aquino representa el momento cumbre de la filosofía escolástica y la asimilación de la filosofía aristotélica por el cristianismo. Replanteó el tema de la relación entre la fe y la razón y dotó a esta última de infinita autonomía, mucho más de lo que le había concedido Agustín de Hipona. No obstante, Santo Tomás continuó la línea agustiniana al aceptar el predominio de la teología sobre la filosofía. Rechazó las tesis del averroísmo latino y afirmó la existencia de una única verdad, que puede ser conocida desde la razón y desde la fe. Cada una de estas facultades tiene su propio objeto de conocimiento y su método particular de investigación:
1) La filosofía se ocupa de las verdades que pueden ser alcanzadas por la luz de la razón.
2) La teología trata de las verdades que pueden conocerse por revelación divina.
3) Sin embargo, hay también un espacio común a ambas: los preámbulos de la fe. En este ámbito, la filosofía es útil a la teología, aunque continua siendo su esclava.
Según Tomás de Aquino, los preámbulos de fe son el conocimiento verdadero que puede ser alcanzado tanto por la luz natural de la razón como por la fe, lo que demuestra la armonía que reina entre estas dos fuentes de conocimiento.
El siglo XIV supuso la crisis de la escolástica. Uno de sus mayores críticos fue Guillermo de Ockham, aportó una nueva interpretación de la relación entre la razón y la fe, ambas son radicalmente distintas e independientes. Ni la razón está al servicio de la fe ni la fe necesita a la razón:
1) La fe sólo depende de la revelación, ajena a la razón, no puede aclarar esta la palabra divina.
2) La razón, otorgada por Dios a los humanos, no tiene que tomar nada de la fe; tendrá de recurrir a otras facultades naturales para llegar al conocimiento.
Defender la separación entre razón y fe condujo a Ockham a una posición cercana a la mística en los asuntos de fe y a una doctrina empirista en los temas propios de la razón.
Catalina de Siena fue una pensadora mística del siglo XIV que destacó en el ámbito de la ética con su ideal de obrar correctamente dentro de un libre albedrío otorgado por Dios, y sus exhortaciones a todo cristiano a practicar las virtudes del amor, la justicia, la humildad...entre otros. La veracidad que concedía a sus palabras le permitío irrumpir en política, llamando a luchar contra los que llamaba infieles, sin necesidad de justificarse.
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