Ética kantiana.
Para Kant, la razón tiene dos usos distintos: uno teórico (razón pura) y otro práctico (razón práctica). El primero trata de conocer la realidad tal y como es hasta donde nos es posible, y el otro nos dice cómo debe ser. Por otro lado, las ideas del alma, de Dios y del mundo no pueden ser conocidas, según la razón pura, puesto que no tenemos experiencia de ellas. Creer que existen noúmenos nos lleva a hacer preguntas y a buscar respuestas, a auemntar y sistematizar nuestro conocimiento, por lo que tienen un uso regulativo aunque no estemos seguros de su existencia.
Además, Kant toma como "factum de la moral" la existencia de una Ley moral a priori en nosotros. Propone también tres postulados de la razón: la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. No demuestran la existencia de las ideas de la razón pero sí muestran que es racional tener fe en ellas y que deben existir desde un punto de vista práctico.
Para que nuestro comportamiento sea moral debe existir una Ley moral, no obstante no basta con con ésta pues si todos fuéramos santos y santas no habría moral en sí sino fanatismo moral. La moralidad implica una pugna contaste entre los impulsos naturales y sobreponerse a ellos. Ese es el primer postulado de la razón: tiene que haber libertad para elegir. Pero ésta no puede darse en un mundo determinista por lo que el mundo ha de ser fenoménico y solo se puede dar en un sujeto fenoménico.
El summum bonum es el objeto de nuestra razón práctica, es la virtud y la voluntad buena: es el objetivo que busca nuestra voluntad al actuar. Aunque nuestra razón práctica no busca la felicidad, si somos virtuosos merecemos ser felices. Es entonces cuando la virtud y la felicidad se encuentran. Pero Kant piensa que solo un santo podría alcanzar la virtud en vida por lo que solo podemos acercarnos a ella.
Por ello, es necesario que nuestra alma pueda perfeccionarse perfectamente, es decir, que sea inmortal. Ese es el segundo postulado de la razón. Por último, tiene que existir un ser infinitamente bueno y omnipotente que permita que la virtud conduzca a la felicidad, y por ende supone la existencia de Dios (tercer postulado de la razón según Kant).
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