Opio para el pueblo.

El ocio es puro opio para el pueblo. Un infame método para contentarnos entre tantas desgracias y penurias. La diversión y el placer son meros combustibles para alimentar la llama de la esperanza, si fuera de otro modo indudablemente se apagaría. Porque se trata de eso, ¿no? Te abscribes a la máxima de ser feliz, no obstante en base a tu propia situación. 

Por consiguiente, el ocio actúa de tope para que no nos derrumbemos por el peso del día a día. Ahora bien, ¿es esto correcto?, ¿en qué momento transformamos nuestra visión del placer?, y lo que creo más importante, ¿es correcto usar el placer como un simple paliativo del estrés?

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