¿Qué clase de mundo hemos creado? (Ensayo de filosofía reformado)
Habitamos un mundo de productividad, de efectividad y de resultados. El tiempo avanza rápido y no queremos darnos cuenta, porque hacerlo sería como admitir que no estamos viviendo realmente. El tiempo es efímero y embaucador, sólo la rutina puede ponerle freno, también a esta sociedad tan enajenada consigo misma. Aunque me disguste, a veces los límites son ineludibles.
Parece que se avecina una época deplorable, un tiempo sin tiempo, abocados a un mundo sin descanso, siendo conscientes de ello. El trabajo rige al ocio, es cuestión de tiempo que el lema 24/7 deje de ser meramente simbólico o insustancial para convertirse en la realidad imperante en la sociedad. ¿A qué se debe? Probablemente a que nosotros, como un conjunto de diversas sociedades, hemos hibridado la idea de trabajo con la de éxito en la vida (o plenitud). Por eso tenemos que competir, por eso tenemos que depredar a otros porque es la base de nuestra existencia: ser seres productivos. Seres que per se anteponen el trabajo o los estudios a su propia vida (¿trabajas para vivir o vives para trabajar?), no se me ocurre otra razón por la cual podríamos ser capaces de desprestigiar todo ocio o, lo que sería aún peor, de emplearlo como un simple método para mantener la efectividad. Como máquinas biológicas que somos, precisamos de un descanso mínimo, a diferencia del vasto catálogo de máquinas, para no perder la eficacia, es decir, puesto que un trabajador agotado no rinde igual que uno descansado le concedes 20 minutos (de su tiempo) para que almuerce y reponga energías.
No obstante creo que el aspecto que más se ha visto perjudicado es la reducción de la cantidad de horas que dormimos y la calidad de éstas. Retrocediendo en el tiempo, un par de décadas atrás, es posible observar una época que difiere mucho de la nuestra cuando hasta la clase baja podía permitirse dormir ocho horas por la noche e incluso un par extra de siesta. Actualmente, sin embargo, se perpetran intentos modernos de reducir, lo máximo posible, la cantidad de horas de sueño sin afectar a la productividad mediante medicamentos o sustancias como el café que gracias a la cafeína te mantiene activo. Mientras dormimos no producimos como tampoco consumimos, y el sistema precisa de una fuente de energía constante porque sino inevitablemente se interrumpirá el ciclo. El sistema exige una atención constante no sólo de aportar sino también de retirar, pero no es necesario remontarse al obsoleto consumismo indiscriminado de hace unos años. Hay que mirar con ojos atentos al presente-futuro cercano pues ya no se tratará de consumir productos físicos sino contenidos en la red. Las nuevas tecnologías están actuando en detrimento de las actividades en el mundo real. Aumentan las redes sociales así como las aplicaciones móviles siendo éstas, en su mayoría, gratuitas, ¿dónde queda entonces el beneficio a la empresa? Porque no podemos olvidar que sin demanda no hay oferta, y que la demanda se satisface a cambio de una compensación generalmente monetaria. Siendo ésta una verdad innegable, la respuesta es que aquello que mueve realmente el dinero (teniendo en cuenta el balance coste de producción-precio del producto) son los datos personales debido a que a raíz de eso, de saber tus preferencias y tu gustos en según que ámbitos, el algoritmo de Amazon te mostrará libros de ficción en vez de terror, y el algoritmo de Instagram te mostrará contenido de humor en vez de moda. Pudiendo ser extrapolable a todas y cada una de las redes sociales. Puesto que, como he dicho, es ahí donde el dinero circula y se acumula. En el pasado éramos más reticentes a aceptar las ya bien conocidas "cookies", ahora resulta más sencillo darle simplemente al botón de aceptar. Aquí y ahora entran en juego las IA's y los superordenadores capaces de manejar la Big Data. Entonces debo cuestionarme, ¿quién es el siervo de quien, la tecnología o los humanos?
Pese a todo, creo que hay aspectos mucho peores de esta sociedad en decadencia. Creo que es peor no saber cómo frenar esta acelerada carrera o incluso no querer detenerla por alguna razón. ¿Tienes miedo al fracaso, a la vergüenza, a la deshonra, a no cumplir las expectativas, a los que te increpan por ignorar el camino? Pues cierto es que hay más probabilidades de perderse si te adentras, sin embargo ¿podrías jurar que al final de ese sendero, tan bonito y tan transitado, no hay un despeñadero del que nadie se ha percatado? Esa es de las mayores problemáticas que atribuyo a la pérdida del ocio: no ver el barranco hasta que ya es demasiado tarde. Además, por desgracia, tampoco importa lo agotado que estemos, lo mal que nos sintamos o la rabia que emanemos...porque el mundo debe seguir funcionando, ¿no? Aunque es todavía más infame ver el ocio como una variable más para mantener la eficiencia, degradados de nuestra condición de sere vivos a simples productores biológicos, relegados a tareas simples y repetitivas, ejercidas como autómatas, y con cero satisfacción por un producto que carece del esmero que un maestro artesano sí pondría a una obra propia, y que no otorga al ensamblaje de piezas prefabricadas por una multitud de obreros.
Al tratar de adaptarnos al mundo para encajar en él, pudiendo así vivir una vida lo más digna y despreocupada posible, no nos percatamos de que al limar las asperezas que nos distinguen del resto sólo acrecentamos el problema de la homogeneización de la sociedad, lo que deriva en que ingentes masas con una ideología simple y concisa, que no admite más puntos de vista que el suyo propio, contemplen altivamente al resto sin plantearse siquiera que sus actos dejaron de pertenecerles en el momento que se rehusaron de emplear la lógica en pos de integrarse en un grupo. Debido a que cada vez resulta más sencillo, con el inexorable avance de la globalización a causa de las nuevas tecnologías de la comunicación, que acontezca que se pierda el razonamiento propio y nos dejemos llevar por las opiniones de la mayoría o por la de algún personaje público cuya reputación esté en alza. Hace siglos, los avances tecnológicos eran vistos como el medio por el cual los trabajadores podrían verse liberados de la carga que suponía trabajar en insalubres factorías. Sin embargo, la situación actual no difiere mucho de aquella. Por eso todo aquel que se haya o se preocupe por el devenir de la sociedad, debe pensar que sus intentos, de mantener el orden y la estabilidad, han resultado fútiles al pasar el tiempo. Creo que muchas personas se obcecan pensando en qué es lo que el mundo espera de ellos, cuando en realidad lo que deberían preguntarse es: ¿de qué modos podría ser feliz en este mundo que me ha tocado vivir?
Por eso creo que es vital proteger ese tipo de ocio que te permite mantener aquellos rasgos que te identifican y que dan forma a tu personalidad, y gracias a los cuales evitas el efecto que conlleva un mundo homogeneizador. Aunque es preciso recalcar que no estoy hablando de esas actividades que,de forma equívoca llamamos "ocio", las mismas que nos tienen horas con la mirada perdida en un móvil o en una televisión. No debería considerarse ocio a una actividad que sólo sirve como salida de emergencia o el escape de la realidad, que además realmente sólo es una forma más de consumir, presentada como si fuera una forma de entretener inocua. Porque pienso que nuestra vida no tendría que ser tan deplorable como para tener que recurrir a ese tipo de soluciones.
Comentarios
Publicar un comentario