Fascistas y antifascistas, ¿cuándo se radicaliza una persona?
¿Cuándo se radicaliza una persona? Cuando su mundo, entendiéndose éste como el conjunto de espacios, fenómenos y las relaciones que se establecen entre ambos, se derrumba o que, desde su perspectiva, se está derrumbando por un agente externo y/o interno.
¿Cómo nace un fascista? Un fascista, en mi opinión, no nace sino que se hace en un proceso secuencial o constitutivo de aparente decadencia social (valores), religiosa (guía), y/o económica (hambre). En definitiva, el fascista nace de la creencia de que su sociedad está amenazada.
Las características propias de los movimientos totalitarios no son innovadoras; la defensa de la patria, de la familia tradicional, y de los valores cristianos (entre otros aspectos), son consignas extensamente enarboladas en tiempo y espacio.
¿Hay algún problema con estas declaraciones? Desde mi punto de vista son, por sí mismas, inocuas. Las fricciones comienzan cuando la defensa pasa al ataque de todo aquello que no esté alineado con el discurso, hasta el punto de rechazar o incluso echar a todo aquel que no lo comparta.
Realizar determinadas declaraciones tradicionalistas sobre lo que España debería ser resulta, en cierto modo, histórica y constitucionalmente falso, además de que utilizar periodos concretos de la historia para asociarlo con el auge o esplendor de una sociedad resulta de una incoherencia manifiesta.
Otro aspecto clave, en general, del extremismo es la tendencia a la simplificación. Con el fin de razonar sobre una problemática compleja, ya sea para la explicación de la causa o de la consecuencia de una medida, se utilizan metáforas o ejemplos que anulan todo trasfondo para llegar a una "conclusión lógica". De este modo, el receptor queda maravillado por la imbecilidad que plantea el contrario.
Ambos, fascistas y antifascitas, acaban siendo azudados a la violencia, ¿por quién? Por quien quiere acceder al poder de un modo u otro. Para que el antifascismo (entendiéndose éste por quién busca una sociedad plural, justa, y con la mínima violencia) venza (entendiéndose vencer no como la imposición o lucha sino como el consenso) debe entender que combate una ideología, no a las personas.
En cierto modo personas asustadas por un devenir sin referencias morales o religiosas, y por futuro económico incierto. Se trata de volver a Hannah Arendt para diferenciar al mal mayor y al menor, desgraciadamente el alma humana siempre tendrá un hueco para odiar y despreciar, cerrar los ojos y los oídos a cualquier pensamiento contrario, para seguir avanzando en una incesante marcha.
Sin embargo, en este caso el problema logístico no trata de manzanas, de materiales de construcción, o de bits informáticos, sino de humanos deshumanizados por otros humanos bajo el pretexto de la superioridad de las razas, la incompatibilidad de las sociedades, y el rechazo innato a lo diferente.
Escribir desde la fría lógica sobre el futuro de incontables vidas humanas es tan demoledor como necesario, no caer en el sentimentalismo para observar con claridad los engaños. Aceptar la hipocresía de unos actos para no llevar la razón habiendo sepultado la verdad. ¿Y qué hacer con los ojos que no ven?
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